Taller de construcción de hotel de bichos



Nuestro amigo Carlos, gran aficionado a la agricultura sostenible, nos ha sorprendido de nuevo con un Taller de construcción de hotel de bichos. Lo realizamos en el Aula Natura del Termet de Vila-real.

¿Y qué es un hotel de bichos? Pues es un habitáculo construido con distinta tipología de materiales naturales, en el que los insectos pueden construir sus nidos o hibernar. De esta manera se crea un hábitat para insectos beneficiosos para nuestro jardín o huertecito, ya que estos insectos nos ayudarán contra las plagas y a la vez polinizarán nuestros cultivos.
 
Para comenzar, Carlos nos dio una charla a adultos y pequeños sobre la importancia de las abejas en la polinización. El término polinización hace referencia al desplazamiento del polen desde una flor que lo produce a otra flor de su misma especie que lo recibe. Este fenómeno tan sencillo a primera vista, trae asociado unas consecuencias inmediatas y de gran trascendencia, como son la formación del fruto, de una importancia vital en la agricultura, y la formación de la semilla, que le servirá al vegetal para perpetuar su especie y multiplicarse. Dentro de los insectos polinizadores, los más eficaces son las abejas solitarias, los abejorros y, sobre todo, las abejas melíferas. De esta manera puso en contexto la importancia de construir hoteles de insectos para ayudarles a cohabitar con nosotros. 
 
Carlos, al igual que en el anterior taller de construcción de cajas anidaderas, nos preparó unos kits con las piezas de madera precortadas, para facilitarnos el montaje. Así que en realidad nosotros sólo tuvimos que hacer el ensamblaje atornillando las distintas piezas.









Nuestro hotel de insectos llevaba un apartado cubierto para poder observar su interior al destapar, destinado para las abejas y avispas solitarias, y poder observar como ellas acumulan el alimento para sus larvas, y como estas larvas se desarrollan hasta llegar a ser adultas. Este habitáculo fue muy laborioso, porque se tuvo que taladrar la madera e insertar tubos transparentes de distintos tamaños.




La tarea de construcción del hotel es bastante laboriosa, así que no nos dio tiempo a terminar porque se hizo la hora de la comida, y nos llevamos los deberes a casa.

El otro apartado medio relleno con troncos y trozos de madera agujereados, se ha de completar con piñas, caracoles, paja, un macetero y todo lo que se nos ocurra, todo ello cubierto por ambos lados con tela de gallinero.






Así quedan los hoteles.





Esperamos poder enviaros pronto fotos de los hoteles terminados!!.



Vilafranca del Cid con niños


En Otoño hicimos una escapada de fin de semana a Villafranca del Cid, con un programa intenso a pesar de estar ya en horario de invierno.

Desde que estuvimos en Pascua en Villafranca del Cid, teníamos pendiente volver, así que volvimos y nos alojamos en el Albergue La Parreta, donde Sergio su gerente desde el momento que planteamos la visita nos ayudó a organizarlo todo.
El sábado por la mañana hicimos una original actividad: pasear con un pastor -de los de verdad- acompañándolo con su rebaño y aprendiendo sobre esta profesión, donde uno de los elementos más importantes son los perros.
 
 
Juli, además de pastor, es veterinario, y adiestrador de “gossos de rabera”, por lo que el colofón de la actividad fue una exhibición de los perros manejando el rebaño de ovejas.




Comimos rápido, para por la tarde aprovechar las pocas horas de luz y hacer una sencilla pero preciosa ruta: el Bosque de La Parreta.
 
 

Al terminar nos acomodamos en el albergue La Parreta, con amplias habitaciones de 4, 5 y 6 personas ¡con baño en la habitación!, un lujazo. Además de la amplitud de las instalaciones, el albergue es muy completo, con áreas de juegos interiores y exteriores, su barecito, el comedor, distintas aulas, etc. Aunque lo más importante es el buen trato recibido.

La mañana del domingo amaneció lloviendo, pero ello no nos impidió seguir con nuestro plan, que consistió en una visita guiada de la mano del técnico de turismo Guillem por la Iglesia de Santa María Magdalena y por la Torre de Conjurar recientemente restaurada y donde se ubica el museo parroquial.

La Torre de Conjurar nos gustó particularmente, aparte de sus leyendas, porque nos permitió conocer mejor la forma de construcción de la iglesia, que tiene doble tejado, para poder soportar las nieves a lo largo de los años, y cuyos espacios intermedios sirvieron de cobijo a los lugareños en época de guerra.
 


 

La ruta guiada terminó con la imprescindible visita del Museo de Piedra seca, donde niños y mayores aprendimos sobre el entorno y la forma de construir en Vilafranca, aprovechando los recursos existentes, la piedra, y construyendo de manera tan perfecta que las casetas de resguardo de pastores y los muros de piedra aún se mantienen en pie tras muchos años
 
 

Al terminar la visita, fuimos a una pastelería a comprar dulces típicos del pueblo, para tomar fuerzas para la última actividad, que fue un pequeño recorrido: Las Virtudes, en el que pudimos comprobar en primera persona las construcciones típicas en piedra seca de la zona, acompañados por Sergio, el gerente de La Parreta.
 
 
Vimos muros de cerramiento de campos, muros delimitadores de veredas, y una caseta de resguardo, de la que pudimos observar el particular método de construcción del tejado, piedra a piedra en espiral.




Empezó a llover de nuevo, y tuvimos que regresar a La Parreta, donde comimos y nos despedimos, con una sola idea en la cabeza: hemos de volver.

Hay tantas cosas por ver y hacer en la zona que ya hemos decidido que volvemos.

 

 

Saint Béat, un pueblo con encanto



Si se visita el Valle de Aran, al estar tan cerca, resulta inevitable pasar la frontera para ver que hay más allá de los Pirineos.

Y como era de esperar pues nos encontramos pueblos con encanto en los que hay que parar el coche para conocerlos mejor.




Saint Béat es un pueblecito tranquilo, atravesado por el Río Garona, ideal para callejear, y disfrutar del paseo.




Por supuesto, también sirve como base para los amantes de  la montaña, el senderismo y los deportes de aventura.

Pero un paseo por las callejuelas y el casco histórico con su exposición de esculturas contemporáneas en mármol blanco es ya suficientemente relajante. Y es que St Béat tiene una  cantera de un mármol blanco muy famoso, ya empleado en la época romana.

De hecho se celebra un Festival de la Escultura y el Mármol todos los años en verano.

Recomendamos también visitar su fortaleza situada en lo alto de la montaña, junto a la Iglesia de Saint Béat y Saint Privet, de estilo románica, construida en la primera mitad del siglo XII. Desde este punto se obtienen unas vistas impresionantes del pueblo.







 Seguro que os gusta.